Buscando el aura de Gérald Genta

Si eres aficionado a los relojes y has estado sumergido en el hobby por algún tiempo, seguro habrás oído hablar alguna que otra vez de Gérald Genta; si en cambio hace poco que vienes husmeando cautelosamente desde afuera este interesante mundillo, casi “con la ñata contra el vidrio” -como decía la leyenda del tango Carlos Gardel-, créeme que tarde o temprano te toparás con este nombre.

¿Por qué? Pues porque Gérald Genta fue uno de los artistas más exitosos en la historia de la horología, habiendo diseñado piezas que se convirtieron en íconos de grandes casas relojeras como la legendaria Universal Geneve, donde trabajó en el Polerouter en 1954; la admirada Omega, donde según se dice concibió nada menos que el Constellation “C-line” de 1959; la reverenciada Patek Philippe, donde diseñó el Golden Elipse de 1968; y por supuesto, la venerada Audemars Piguet, en donde dio a luz -como la historia lo reflejaría y posteriormente él mismo reconocería- a su mayor obra maestra en 1972: el Royal Oak.

El alumbramiento de un icono.

A propósito del trabajo más transgresor y recordado de Genta, todo comenzó dentro de ese famoso y a la vez infame episodio de la historia de la industria relojera donde, sorprendentemente, podemos hallar en igual medida tanto avances revolucionarios y refrescantes como los más penosos panoramas que concluyeron en el ocaso de muchos titanes de la relojería. Hablamos de la Crisis del cuarzo, esa década que marcó un verdadero punto de inflexión: una suerte de big-bang horológico que indudablemente expandió a la industria, pero cuya masiva explosión extinguió inevitablemente a aquellos que no supieron adaptarse o reinventarse.

En ese peligroso contexto, donde un paso en falso podía significar la diferencia entre legado y ostracismo, reinventarse era precisamente lo que buscaba George Golay, quien en 1971 ocupaba el cargo de Director Gerente de Audemars Piguet.      

Según cuenta la leyenda, en ese entonces Golay se encontraba asistiendo al Swiss Watch Show, la feria que posteriormente se convertiría en lo que hoy conocemos (o conocíamos) como Baselworld, y en lo que fue una síntesis entre el más duro análisis mercadotécnico y una suerte de epifanía mística, tomó el teléfono y llamó al artista suizo Gérald Genta, explicándole que necesitaba un diseño novedoso para un reloj que fuera deportivo pero a la vez apto para todas las ocasiones, construido en acero y enfocado especialmente para el mercado italiano… Ah sí, y que lo necesitaba para la mañana siguiente.

Genta no tenía tiempo que perder. Se avocó inmediatamente a la tarea de diseñar ese reloj innovador y su inspiración vendría enteramente del ámbito náutico: imaginó la escafandra de un buzo con su formato y característicos tornillos visibles, y a partir de ahí comenzó con ese primer borrador que al día siguiente presentó al directivo de Audemars Piguet, quien quedó encantado con el diseño.

Dibujo Audemars Piguet Royal Oak

Boceto Audemars Piguet Royal Oak 1971 de Gérald Genta.

Sólo faltaba el nombre. Y dado que la inspiración del diseñador suizo había provenido del mar, estaba claro que el reloj debía ser bautizado con algún motivo naval. Fue así como Audemars Piguet eligió el emblemático nombre en base a una afamada embarcación: el HMS Royal Oak, el acorazado clase revenge de la Real Marina Británica que había sido hundido en 1939 por el submarino alemán U47 durante la Segunda Guerra Mundial.

Finalmente, en 1972, el mundo conoció a la primera pieza de alta relojería construida en acero inoxidable y con un diseño altamente disruptivo para la época: deportivo y elegante al mismo tiempo.

Audemars Piguet Royal Oak 1972

Audemars Piguet Royal Oak 1972.

Tal vez fue la genialidad de Genta mezclada con su capacidad para entender lo que querrían los dandis italianos (probablemente gracias a la sangre piamontesa que heredó por parte de su padre), tal vez fue la morfología transgresora del reloj conjugada con el suntuoso posicionamiento que le dio Audemars Piguet con un precio de nada menos que 3.300 Francos Suizos -en aquellos tiempos, más costoso que un Patek Philippe construido en oro o el equivalente a 10 Rolex Submariner-, o tal vez fue sencillamente el destino.

Pero más allá de los motivos, lo cierto es que el Royal Oak se convirtió muy pronto en un éxito que no sólo le aseguró a Audemars Piguet superar, e incluso, salir fortalecido de la crisis del cuarzo, sino que además se volvió uno de los diseños atemporales que pasaron a formar parte del ADN de la casa relojera de Le Brassus, un ícono de la alta relojería y, por supuesto, de Gérald Genta: el genio detrás de su diseño.

Seamos sinceros… no todos podremos tener un AP Royal Oak.

A la luz de la historia y, justamente, de cómo ha superado la prueba del paso del tiempo, es de esperarse que el del Royal Oak sea uno de los diseños que inspiró -y sigue inspirando- interesantes creaciones no sólo por parte de la misma Audemars Piguet, sino también de muchas otras casas relojeras, resultando además una de las piezas más reverenciadas por los entusiastas de la relojería en todo el mundo.

Por eso es entendible que todos aspiremos a respondernos la pregunta: ¿Qué se sentirá tener un Royal Oak?

Llegado este punto no podemos dejar de ignorar al elefante enorme que tenemos dentro de la habitación: sin entrar en debates filosóficos, no requiere demasiada meditación llegar a la conclusión de que sólo un Royal Oak nos va a proporcionar la sensación que nos daría un Royal Oak.

Se llama realidad, es así y punto. Pero lo cierto es que no todos los aficionados, por muy apasionados que seamos, estamos en condiciones de destinar los casi USD 30.000 que requieren poder responder a esa duda horológica que, de paso vale aclarar, es una de las tantas que con un formato similar seguramente nos formularemos incesantemente en relación a otros relojes emblemáticos… Después de todo, el Royal Oak es el inigualable Royal Oak, pero seguramente no es el único grial al que aspiramos alcanzar.

Está claro que sin el Royal Oak no hay posible respuesta. Pero eso no necesariamente significa que no podamos aproximarnos a una respuesta, que por lejano que pudiera parecer, no podamos experimentar una buena saboreada de lo que sería llevar en la piel un reloj con un diseño reminiscente a la sensación que sólo aquel ícono podría darnos.  

Aquí es donde la diversidad y la creatividad que afortunadamente existen en grandes cantidades dentro de este apasionante hobby se conjuga con nuestros gustos y personalidad para impulsarnos a buscar esa respuesta que SÍ está a nuestro alcance.

Homage o No Homage, esa es la cuestión.

La siguiente pregunta que requiere ser respondida antes que la anterior es tan directa como fundamental, porque nos ayudará a entender nuestros gustos y la manera en que deseamos disfrutar de la afición.

No es una pregunta fácil de responder y, a decir verdad, suele ser un tema tabú y polémico entre los aficionados:

¿Estás de acuerdo con los relojes homage o los descartas inmediatamente?

Si sabes lo que son los homage, aprovecha estas líneas para pensar la respuesta, y si no sabes lo que son, pues aquí vamos:

Homage es la denominación que se le suele dar a aquellos relojes de determinadas marcas que, ya sea en menor o en mayor medida, buscan deliberadamente reproducir la estética de un modelo icónico, ya sea contemporáneo o no, pero que por lo general es de una casa relojera que ya tiene bien ganados sus laureles dentro de la historia de la horología; por lo que, como podrás presumir, en la mayoría de los casos se trata de modelos realmente muy costosos.

La particularidad de los relojes homage es que emulan esa estética icónica –muchas veces con bastante minuciosidad-, y la ofrecen en un reloj cuyo costo es menor (por lo general substancialmente menor) de lo que valdría aquel cuyo diseño original los inspiró, pero siempre, y esto es fundamental, partiendo de una base de respeto hacia ese modelo y a esa marca a la que, como su denominación lo indica, busca homenajear.

¿En qué se refleja ese respeto que hace que un homage sea realmente un homenaje y no otra cosa? A mi modo de ver, en una honestidad indispensable: La identidad. Un reloj homage nunca reniega de su propia identidad, su propia marca siempre está estampada sobre la esfera del reloj, o al menos puesta de manifiesto en alguna parte de él. Busca alcanzar el aspecto de un diseño que se volvió icónico, emula -en mayor o menor medida- atributos tangibles que tienen que ver con la apariencia de un reloj legendario, pero no se mete con los valores intangibles de otra casa relojera, es decir, deja bien en claro que NO es esa marca a cuyo modelo pretende emular.

Y en ese sentido hay una honestidad que se pone bien de manifiesto entre el público y la marca; la que, en primer lugar, da la cara –por así decirlo- y se hace cargo de su reloj homage, y en segundo lugar le deja muy en claro a los consumidores no sólo lo que ofrece, sino quién es.

Entrados en este punto es válido plantear también que hay muchos tipos y hasta niveles de relojes homage, partiendo de aquellos que pudieron resultar ligeramente inspirados por ciertos diseños icónicos, hasta los que realmente pretenden realizar el ejercicio técnico completo de emularlos con la mayor precisión, parte por parte -y acá es inevitable pensar en el Rolex Submariner, el que tal vez sea el modelo que más homages inspiró y sigue inspirando (penosa y repudiablemente resulta también uno de los modelos de relojes más falsificados del mundo)-.

Rolex Submariner Original y Copia

Rolex Submariner 16610 original y Rolex Submariner 16610 copia.

Volviendo a la pregunta sobre los homages, que a esta altura seguramente tendrás resuelta, cabe aclarar que no existe una respuesta correcta o incorrecta. Tanto el sí como el no, son posturas igualmente válidas y coexistentes dentro de toda la diversidad, el respeto y la enorme camaradería que tan gratamente encontramos dentro de la comunidad relojera mundial.

Aquí hago un breve y meloso paréntesis: veo que con mucha frecuencia todos los que se inician en el hobby relojero y empiezan a interactuar cada vez más con otros aficionados acaban por concluir lo mismo: “Vine por los relojes y me quedé por las personas” ¿No es maravilloso? ¡Tenemos que cuidar eso!

Bien ahora sí, a un lado la emotividad y volvemos a la pregunta…

Si tu respuesta es el SÍ a los homages, pues el aluvión de alternativas al Royal Oak que puedes hallar en distintos presupuestos y marcas es como mínimo diverso: desde un Citizen Eco-Drive referencia BL 1270-58E, hasta el más osado Bulova referencia 4420101. Casi todos han intentado –o siguen intentando- deliberadamente empaparse con un poquito de esa aura Gentiana. ¿Podemos culparlos? Después de todo fue el mismísimo Genta quien dijo: “Si no te copian, eres un incompetente”

Bulova 4420101 y Citizen Eco

Citizen Eco-Drive referencia BL 1270-58E (izq) y Bulova referencia 4420101 (der).

Si, en cambio, tu respuesta es NO a los homages, también es perfectamente entendible, pues más allá de sus virtudes, estos relojes son usualmente culpados de no tener suficiente “personalidad”.

Pero entonces… ¿esto deja a quienes no simpatizan con los homage en su estado más puro fuera de la posibilidad de encontrar esa pieza de reminiscencia Gentiana que les erice la piel?

Casi como un Royal Oak pero, eso sí, sin pretenderlo.

La respuesta, afortunadamente es NO… ¡y aquí en Igormó te tenemos cubierto!

Por eso voy a presentarte a continuación tres piezas en tres presupuestos muy distintos (del más oneroso al más accesible) que, sin resignar personalidad ni amor propio, han ido por su propia línea pero irrandiando de alguna forma esa magia del primer sportswacth de acero.

Si han sido directamente inspirados en el Royal Oak de Genta es un punto que puede debatirse, pero en todo caso, han logrado salirse con la suya sin la intencionalidad explícita de ser un aspirante más a Royal Oak… ¡y eso no es poco mérito!

Girard Perreguax Laureato

Una de las piezas más reconocidas de la respetada Girard Perregaux y, cronológicamente, una de las más cercanas al AP Royal Oak habiendo visto la luz por primera vez en 1975, aunque en aquella ocasión montando el primer calibre de cuarzo con certificado cronómetro de la casa relojera de La Chaux-de-Fonds, y, de hecho, uno de los primeros calibres cuarzo con características que terminaron por sentar un standard en la industria.

Esto ya nos da la pauta del fuerte compromiso con la innovación que hubo detrás del desarrollo del Laureato y una de las principales diferencias que marcó con el Royal Oak: mientras Audemars Piguet buscó escapar de alguna forma al cuarzo y aferrarse a la seguridad de lo ya conocido, Girard Perregaux decidió abrazar el inevitable cambió, y más aún, erigirse como una de las casas relojeras suizas en liderarlo.  

Girard Perregaux Laureato

Girard Perregaux Laureato.

Ultra delgado (gracias a su moderno movimiento de cuarzo), construido en acero, brazalet integrado, esfera en patrón guilloche clous de Paris y bisel octogonal: enumerar fríamente algunas de sus características puede resultar en una tal vez odiosa –aunque inevitable- comparación con el Royal Oak, ese astro que había empezado a brillar hacía tan solo unos pocos años antes y buscaba opacar al resto de las estrellas en el firmamento. Aún así, siguiendo sus propias líneas -más refinadas si se quiere-, las que trazó para él el diseñador y arquitecto italiano Adolfo Natalini, el Laureato ya brillaba con luz propia.

Puede que Natalini haya partido de conceptos similares a los de Genta, pero los resultados finales fueron sensiblemente distintos. Lo curioso es como en los detalles suelen esconderse algunas jugosas similitudes con las que es irresistible querer ponerse a jugar: el Royal Oak fue ideado para los dandis italianos -y por un diseñador por cuyas venas corría cierto porcentaje de italianidad-, mientras que el Laureato fue enteramente pensado por un italiano y, según se dice, bautizado por un distribuidor italiano de Girard Perregaux que estaba obsesionado con una película que hacía estragos por aquel entonces: una cinta protagonizada por un tal Dustin Hoffman, cuyo título original traducido al idioma del Dante era: IL LAUREATO (EL GRADUADO).

No fue sino hasta 1995 que el Laureato comenzaría a montar calibres automáticos delgados -también de manufactura propia- que le permitieron mantener esa línea esbelta pero deportiva que caracterizó a su primera versión de los años 70’s.

Una vez más: conceptos similares a los del Royal Oak de Genta, pero con una interpretación propia que le proporcionan el aura, sin resignar personalidad.

Indudablemente, el Laureato no la tuvo fácil contra el Royal Oak, pero supo ganarse sus laureles.

Girard Perregaux Laureato

Girard Perregaux Laureato.

FICHA TÉCNICA

  • Referencia: 81010-11-431-11A
  • Material: Acero
  • Diámetro: 42 mm.
  • Espesor: 10,88 mm.
  • Cristal: Zafiro
  • Resistencia al agua: 100 mts.
  • Movimiento: Calibre automático GP 01800-0013 (manufactura propia de Girard Perregaux)
  • Precio: USD 12.000 aprox.

Victorinox I.N.O.X. Mechanical

Créeme cuando te digo que no perdí la cabeza. Si ya llegaste hasta aquí, haz por mí otro pequeño salto de fe y lee sin prejuicios la siguiente descripción:

Diseño deportivo pero elegante, construido en acero, bisel con líneas rectas y formato geométrico, manufactura suiza y movimiento automático.

Ahora dime: ¿de cuántos relojes, además del Royal Oak, podemos decir lo mismo? Pues del Victorinox I.N.O.X. Mechanical seguro que sí.

Victorinox 241835

Victorinox 241835.

Originalmente concebido como un reloj de cuarzo -al igual que el Laureato-, el I.N.O.X. se presentó por primera vez en Baselworld 2014 tras haber pasado por un periodo de desarrollo que a Victorinox le tomó más de tres años, dado que esa versión en cuarzo -si bien guarda un diseño muy similar a este mechanical- estaba pensada más como una herramienta (con una serie de características y especificaciones que lo hacen prácticamente a prueba de todo) que como un multifacético reloj deportivo.

No obstante, dado el creciente interés que se viene verificando hace años por los relojes mecánicos -una suerte de renacimiento que seguramente sedujo e hizo caer en la afición a más de uno de nosotros (me declaro culpable)- finalmente la marca suiza se decidió a presentar en 2018 la versión del I.N.O.X. con calibre automático: nada menos que un igualmente suizo ETA 2824-2

Está fuera de discusión que a este reloj no le faltan robustez ni personalidad, atributos que todo reloj-herramienta debe tener. Pero cuenta con algo más… algo sugestivo en sus líneas: una reminiscencia gentiana -tal vez lejana pero difícil de ignorar-, especialmente en su bisel que, aunque no es octagonal sino hexagonal, presenta esa morfología geométrica y ese juego de texturas pulidas y cepilladas entre su frente y sus laterales que invocan en cierta medida ese estilo con el que el Royal Oak supo cambiar para siempre a la industria relojera.

Si bien puede ser algo robusto con sus 43 mm. de diámetro de caja y sus casi 13 mm. de espesor -volviéndolo tal vez un reloj más bien apto para muñecas grandes-, sus terminaciones y apariencia en general lo transforman en una alternativa lo suficientemente versátil y sugerente a la hora de experimentar, aunque más no sea casi por accidente, una probadita de ese estilo que concibió Genta. 

Victorinox 241835

Victorinox 241835.

FICHA TÉCNICA

  • Referencia: 241835
  • Material: Acero
  • Diámetro: 43 mm.
  • Espesor: 12,7 mm.
  • Cristal: Zafiro
  • Resistencia al agua: 200 mts.
  • Movimiento: Calibre automático ETA 2824-2
  • Precio: USD 875 aprox.

Casio G-Shock GA 2100

Dentro de este apasionante mundillo de los relojes sabemos muy bien que, cuando una pieza se gana un apodo entre la afición, es porque ha sabido ganarse los corazones de los y las entusiastas, quienes en retribución no sólo lo convierten en un éxito, sino que además lo re-bautizan cariñosamente.

Tal es el caso del Casio G-Shock GA2100, también conocido como el CasiOak, que apareció a fines del 2019, siendo presentado nada menos que por el ingeniero japonés Kikuo Ibe, la mente maestra detrás de los G-Shock: esta serie de relojes a prueba de todo que también supieron marcar un hito en la historia de la industria.

Royal oak G-shock

Royal oak G-shock.

Sería redundante todo despliegue argumentativo que pueda realizar aquí, después de todo, la misma comunidad relojera abrazó al GA2100 y lo apodó cariñosamente CasiOak. Lo que sí vale aclarar de este nuevo modelo con sugerente bisel octogonal, es que incorpora la nueva tecnología Carbon Core Guard, desarrollada por Casio con el objetivo de lograr la alta resistencia estructural propia de cualquier G-Shock que se precie, pero con una cantidad de material mucho menor que, por consiguiente, cumple con ese objetivo ocupando menos espacio. Esto no sólo lo convierte en el G-Shock más delgado que existe (tan solo 11,8 mm), sino que además lo hace el más recatado y esbelto en lo que a proporciones se refiere: la evidencia se vuelve irrefutable al ponerlo sobre la muñeca.

Sin duda es un planteo como mínimo audaz -y no menos objetable- el de establecer que el G-Shock GA2100 es un Royal Oak de bajo presupuesto. Pero, a la vez, es innegable que su estilo particularmente recatado para un G-Shock -elegante incluso-, su geometría octogonal, sus correas de silicona que parecen “integradas” a la caja y su muy bien logrado display ana-digi que prioriza lo analógico antes que lo digital, nos llama irremediablemente a soñar con ese diseño inmortal que concibió Gérald Genta.

Casio G-Shock GA-2100

Casio G-Shock GA-2100.

FICHA TÉCNICA

  • Referencia: GA-2100-1A
  • Material: Resina y Carbono (estructura Carbon Core Guard)
  • Diámetro: 45 mm.
  • Espesor: 11,8 mm.
  • Cristal: Mineral
  • Resistencia al agua: 200 mts.
  • Movimiento: Cuarzo (Módulo 5611 de Casio)
  • Precio: USD 100 aprox.

  • IG @relojesdetiempo

    Agradezco de este artículo tanto la información detallada técnica de cada reloj así como las preguntas que plantea que nos constituyen como aficionados. Tengo un Royal Oak mecánico homage y es una pieza que se disfruta mucho por su diseño tan vivo y actual que como dice Germán, Casio lanzó el año pasado 2019 su G-Shock con gran acepatción de nuestros contemporáneos casi 50 años después. Lo que demuestra que una pieza bien hecha puede ser universal y atemporal. Gracias a la revista y al autor!

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