Swatch Sistem51: por qué deberías darle una oportunidad al reloj profano.

Manufactura suiza, diseño único, un calibre automático altamente innovador conformado por tan sólo 51 piezas, que incluye no sólo la utilización de nuevos materiales, sino también características sorprendentes como 90 hs. de reserva de marcha y propiedades antimagnéticas; suponiendo su concreción uno de los logros técnicos más importantes de la industria relojera en los últimos años…

Juguemos un juego: hagamos de cuenta que no leíste el título de este artículo.

¿Qué hubieses pensado en el párrafo anterior? Probablemente, entre cada línea que devorabas con la mirada, te hubiese sido inevitable pensar -y no sin ese brillo de emoción en los ojos-:

¡¿De qué se tratará?! ¿Será que AP lo hizo de nuevo? Aunque no sé, hablaba de innovación y nuevos materiales… ¡Debe ser Grand Seiko! El gigante asiático viene demostrando gran capacidad para innovar… pero no, esperen un momento, decía “manufactura suiza” ¡Claro! ¡Entonces debe ser Jaeger-LeCoultre, después de todo por algo es el “relojero de relojeros”!

Pero justo entonces, te cuento que se trata de Swatch… y ese brillo en tu mirada se disipa. Ahora lo reemplaza una ceja enarcada con incredulidad. La emoción que te hacía inclinarte cada vez un poco más hacia adelante entre conjetura y conjetura, contrasta ahora con tus hombros caídos: te sobreviene cierta sensación de decepción y me preguntas: “¿Por qué me vienes con un reloj descartable de plástico? ¿Qué es esta herejía? ¿No habíamos venido a hablar de alta relojería? ¿Dónde está acá el valor, el legado: the heritage?”

Entiendo tu sensación, te juro que sí. Pero créeme cuando te aseguro que no eres tú quien habla, sino tus prejuicios horológicos. Como dice el refrán: las apariencias engañan y este relojito, que tal vez te parezca de juguete, dejaría boquiabierto (y temiendo por su trabajo) a más de un maestro relojero.

Acompáñame a descubrir (o redescubrir) por qué el Swatch Sistem51 se merece un lugar en tu colección (y en la de cualquiera).

El 51 de la suerte.

Para ir adentrándonos de apoco, vamos a empezar calmando las ansias de ese snob relojero que llevas dentro hablando un poco sobre ese Heritage que tanto pide.

Viajemos unas décadas atrás en el tiempo y en el espacio hasta principios de los 80’s en Suiza…

Con todas las historias que escuchamos de los grandes logros relojeros, hitos de la técnica y modelos clásicos de las grandes marcas cercanos a esa fecha, probablemente nos sorprenda el desesperante panorama que nos encontraremos. Una industria relojera sumida en plena crisis del cuarzo, sufriendo una caída del empleo como nunca antes (pasó de 90 mil puestos de trabajo en 1970 a 28.000 a principios de 1980) y con cientos de marcas -muchas de ellas históricas- cerrando para siempre las puertas de sus factorías.

En medio de ese lío, apareció Swatch, y de la mano de Nicolas Hayek reinventó el reloj suizo para hacerle frente a los cuarzos japoneses que habían hecho tambalear a toda la industria…

Nicolas Hayek.

Parte del fabuloso plan fue pedir a los ingenieros de ETA que diseñaran un calibre de cuarzo lo más simplificado posible: reduciendo componentes, optimizando su funcionamiento e incluyendo plástico en su construcción, un material antes impensado para la fabricación de un reloj suizo.

El resultado fue un calibre de cuarzo innovador, compuesto por nada más y nada menos que -sí, adivinaste- 51 piezas. Ese movimiento fue el que posteriormente, dentro de cajas construidas principalmente en plástico y con unos diseños trasgresores, dieron vida a los relojes que terminaron por salvar nada más ni nada menos que a toda la industria relojera suiza.

¿Pedías legado? ¿Ansiabas heritage? ¿Querías historia? Pues muchas casas relojeras no hubiesen podido seguir contando la suya si no fuera por la magistral irrupción de Swatch en 1983.

Un mismo principio desde otro punto de vista.

Treinta años después de su revolucionario nacimiento, y siendo ya parte del bien nutrido grupo Swatch, la marca dio a conocer en 2013 el Sistem51: un calibre concebido bajo el mismo principio de simplificación e innovación que aquel de los 80’s, pero con la misión de, esta vez, repetir la receta en un movimiento mecánico automático.

No fue tarea sencilla: su creación le tomó más de dos años de investigación y desarrollo a todo un equipo de relojeros e ingenieros pertenecientes a empresas especializadas subsidiarias del poderoso Grupo suizo.

Se utilizó en ese entonces un nuevo material conocido como ARCAP -una aleación de cobre, níquel y zinc con notables propiedades  antimagnéticas- y se trabajó con el foco puesto en reducir a la mínima expresión la inherente complejidad de un calibre automático con complicación de fecha y capacidad de remonte manual -que a veces llega a estar compuesto incluso por más de 400 partes- a tan solo 51 significativas piezas unidas entre sí por un único tornillo que funciona como la columna vertebral sobre la que se sostiene todo el movimiento. Casualmente -o tal vez no tanto- 51 piezas como en aquel primigenio calibre que hace 40 años salvó a la industria relojera helvética. 

Calibre Swatch Sistem51.

¿Hito de la relojería o herejía horológica?

Aún con lo impresionante del logro y la ingeniería detrás de él, lo más sorprendente y revolucionario no está en el calibre Sistem51, ni siquiera en el reloj propiamente dicho. Lo más asombroso está en la manera en que toda la pieza es construida.

Si Henry Ford hubiese conocido a Abraham Louis Breguet e Isaac Asimov hubiese escrito un relato de ciencia ficción sobre ello, probablemente no se le hubiese ocurrido algo tan revolucionario como a los relojeros e ingenieros de Swatch:

Relojes construidos por robots en una infinita línea de ensamble, partiendo desde la fabricación integral de esos movimientos de 51 piezas, pasando por su regulación a través de un sistema de laser -que según la propia casa relojera suiza garantiza una precisión entre +7 y -7 segundos al día-, su correspondiente colocación dentro de las cajas plásticas que hacen al cuerpo del reloj y finalizando con su cierre hermético y definitivo… todo esto en un proceso totalmente automatizado, donde la intervención humana, el toque del relojero experto, la fina mano del artesano brilla por su más absoluta ausencia; permitiendo así un nivel de industrialización sin precedentes en la relojería que resulta en la producción del reloj automático suizo de más bajo costo en el mercado (alrededor de los USD 150)… para algunos, un hito de la técnica y una prueba de las maravillas de las que somos capaces los seres humanos; para otros, la más condenable herejía horológica.

Un encuentro cercano con el reloj profano: review de Swatch Sistem 51.

Tras pedir de antemano el perdón de mis pecados a la santísima trinidad relojera (el Padre –Patek Philippe-, el Hijo -Vacheron Constantine- y el Espíritu Santo –Audemars Piguet-), tengo ahora en mi muñeca uno de los polémicos Swatch Sistem51 (más precisamente el Sistem Red, referencia SUTR400); ese reloj proscripto por los más fundamentalistas fanáticos de la relojería suiza por tratarse de un mecánico descartable y, peor aún, por ser concebido prescindiendo de la obra y gracia de una mano maestra relojera.

Swatch Sistem51 Sistem Red Ref SUTR400.

Estos puristas horológicos lo llaman el reloj profano, pero lejos de avergonzarse y esconderse de los duros y muchas veces injustos prejuicios de la sociedad, a este Swatch parece gustarle y enorgullecerle su peculiaridad.

No busca pasar desapercibido: su caja construida enteramente en plástico es de un color rojo translucido, sus correas son de una silicona negra muy suave y cómoda, delicadamente adornada en los laterales con costuras en rojo haciendo juego con el color de la caja. Tiene un bisel fijo negro con puntos blancos a la altura de los índices horarios y, como para enfatizar el gusto por su principal material constructivo, un cristal de acrílico es el que nos da acceso visual a su esfera.

La esfera de este reloj es muy particular y su diseño no carece de significado: es de un color negro mate con puntos rojos y blancos interconectados a través de líneas que parecen formar constelaciones.

Esfera Swatch Sistem51.

Los puntos rojos marcan los lugares donde hay 6 de los 19 rubíes que tiene el calibre Sistem51, mientras que los puntos blancos podemos distinguirlos en 2 grupos: los que están alrededor de la circunferencia externa de la esfera, que son los índices que marcan las horas, y el resto, los cuales señalan los puntos de soldadura que el movimiento tiene en reemplazo de tornillos: casi como un recordatorio de que este reloj no fue hecho por la mano humana y no puede ser desarmado para repararse ni hacerle mantenimiento. Una vez más, se nos muestra orgulloso de ser el profano automático descartable.

Sus agujas son muy legibles y también tienen personalidad propia. Las de las horas y minutos parecen varitas mágicas -son negras con los extremos blancos-, y a decir verdad algo de mágico tienen, porque en esas puntas blancas cuentan con un poco de pasta luminosa que nos va a permitir ver por un breve periodo qué hora marcan en la oscuridad… la cantidad aplicada es muy sutil y por lo tanto dura muy poco, pero es otro detalle que se aprecia bastante, sobre todo si volvemos a mirar la etiqueta con el precio de este reloj.

Swatch Sistem51 Sistem Red Ref SUTR400.

El segundero, por su parte, busca ser el protagonista de la esfera. Si bien es bastante delgado, su color rojo brillante lo hace destacar enfatizando ese suave, continuo e hipnótico recorrido, que caracteriza a los segunderos de los relojes mecánicos y nos deja perplejos cada vez que notamos que en su andar pasa por encima de un logotipo que reza “Swatch Swiss”, toda una rareza para un reloj automático.

Dejando para el final quizás lo más interesante, cuenta con una tapa trasera de cristal acrílico, que nos permite ver el novedoso y adornado mecanismo del Sistem51 en funcionamiento: otra manifestación del más profano orgullo al mostrarnos tras ese hermético cristal aquel calibre -con un peculiar rotor de diseño excéntrico- que no fue ni podrá ser tocado por nosotros ni nadie.

Swatch Sistem51 Sistem Red Ref SUTR400.

Pero no vayamos a creer que este Swatch Sistem51 reniega de nosotros. Si bien este profano celebra su concepción alejada del ser humano, en realidad su corazón no es tan duro como parece. Él anhela secretamente forjar un vínculo, sentir ese cálido amor que solo nosotros podemos dar.

Ese lazo tan especial estará únicamente reservado para su dueño, quien tendrá el privilegio de mostrarle su estimación manteniéndolo con vida dándole cuerda manualmente desde la corona; mientras que este Swatch le recompensará ese cariño con una reserva de marcha de hasta unas impresionantes 90 horas.

Con sus virtudes y defectos, defensores y detractores, tengo que admitir que me gusta este reloj. No sólo por lo innovador, sino también porque es divertido: entretiene verlo mofarse de los más puristas, pero sin olvidar que, después de todo, es hijo del ingenio de las personas y depende de su estima para que su mecanismo siga latiendo.

Swatch Sistem51.

Usarlo teniendo en cuenta su historia, no solo es fascinante y entretenido, como pasa con varios modelos de Swatch, sino que es casi una experiencia religiosa.

Por eso no te pido que abandones tus plegarias a la santísima trinidad relojera. Pero sí te propongo que no te prives de darle una oportunidad al profano Swatch Sistem51. Después de todo, el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra.

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